“Albertina y los muertos”, documental sobre la relación de una comunidad con la muerte en el norte de Chile, anuncia estreno comercial en salas del país

25/10/22

Grabado en San Miguel de Azapa, un pueblo construido sobre tumbas indígenas, sigue a una mujer que mantiene las creencias espirituales del lugar.

“San Miguel es un cementerio” es una de las primeras declaraciones que escuchamos en “Albertina y los muertos” mientras vemos imágenes de un camposanto nortino. Pronto se irá asomando sutilmente una historia: la de Albertina (78), la matriarca de San Miguel, un pueblo construido sobre tumbas indígenas. Ella carga con la responsabilidad de mediar entre la comunidad y el Ño, un muñeco de trapo venerado en la semana de Carnaval que encarna las fuerzas creadoras y destructoras de la tierra. La muerte de Albertina estremece al pueblo y golpea a su familia. Ahora sin su guía, deberán cumplir con las tradiciones que ella les inculcó para asegurar el equilibrio entre los vivos y los muertos.

Dirigido por Cesar Borie, “Albertina y los muertos” llegará a salas chilenas el próximo 3 de noviembre.

RITOS FÚNEBRES ANDINOS

“Mi atracción por el norte de Chile es sin duda una herencia de mi madre iquiqueña, una pulsión que fue cobrando fuerza y sentido cuando viajé el año 2004 a Arica con la idea de registrar la celebración del Día de Todos los Santos en el cementerio de San Miguel de Azapa”, cuenta Cesar Borie sobre los orígenes de su documental. “Fue en aquel primer viaje que conocí a Albertina, quién se destacaba como un personaje enigmático e influyente en el pueblo, al cual por su celo y carácter fuerte no sería fácil acceder. Tras regresar año tras año a San Miguel, este acceso se fue dando de forma natural a través de la relación de amistad que entablé con Albertina, su familia y su círculo de amigos más cercanos dentro del pueblo”.

Gracias a esos vínculos, al cineasta se le fueron abriendo puertas. “Creencias y tradiciones andinas y afrodescendientes relacionadas al culto a los muertos revelaban sus implicancias concretas y profunda significación. Es en esta particular dimensión donde mi biografía, trayectoria como etnógrafo, profesión de arqueólogo y afición como documentalista confluyen para dar forma a una aproximación informada y sensible a los ritos y costumbres de la religiosidad popular”, destaca. “Albertina jugó un rol clave en instaurar e impulsar muchas de estas costumbres en el poblado de San Miguel, infundiéndoles su profunda fe, respeto y cariño. Así forjó tradiciones que deslumbran hoy por su fuerza pero develan, a la vez, su gran fragilidad, al depender su continuidad de la sabiduría, el carisma y la autoridad que ostentaba la figura de Albertina en el valle de Azapa. La avanzada edad y deteriorado estado de salud de Albertina imponían urgencia al proyecto de registrar su historia y su especial mirada, para así procurar rescatar una lógica diferente, donde los límites entre la vida y la muerte se desdibujan para revelar los misterios que esconde nuestro entorno y poner en evidencia la fuerza determinante de nuestras propias acciones y creencias”.

Borie define a “Albertina y los muertos” como “un documental que, a través de seguimiento y entrevistas, cuenta la historia de Albertina Felipe, centrándose en las creencias y tradiciones relacionadas al culto a los muertos que ella inculcó con rigor y fe dentro de su familia. Tradiciones cuyo desarrollo promovió hasta convertirlas en potentes y vistosas expresiones de religiosidad popular que son hoy en día sinónimo de orgullo y pertenencia dentro de la pequeña localidad de San Miguel de Azapa”.

“La película transita así desde ritos realizados en el ámbito íntimo y familiar de Albertina, hacia celebraciones que movilizan al poblado completo y atraen a habitantes tanto de la ciudad de Arica como de otros sectores del valle de Azapa”, agrega el director.
El rodaje de la película se concentró en San Miguel de Azapa y se inició oficialmente el año 2018. “A fines de ese año la muerte de Albertina fue un duro golpe para todos, que afrontamos participando activamente en los ritos destinados al buen despacho del alma de la ‘abuela’ Albertina”, confiesa Borie. “A través de sus relatos y prácticas, Albertina nos traslada a un tiempo y espacio diferente, donde las relaciones entre los vivos y los muertos, el presente y el pasado, los recuerdos y los sueños, exponen sus lazos concretos al ser observados bajo el prisma de su fe arrolladora. Una visión de mundo fuertemente arraigada en la tierra, en su sentido más amplio, imbricado y profundo. Los ritos fúnebres andinos que muestra la película, cubren todo el espectro desde la esfera familiar más íntima hasta masivas ceremonias comunitarias, y nos enseñan que la muerte no es algo que necesariamente se deba invisibilizar, sanear y superar rápidamente, tal como dicta el pensamiento occidental moderno, sino una fuerza vital siempre presente que hay que saber manejar. La obra plantea un acercamiento a las creencias y costumbres religiosas nortinas que pone el foco en las personas que gracias a su perseverancia y compromiso se transforman en sus custodios”.

El cineasta espera que este documental “ayude en algún grado a deconstruir la imagen purista y exotisante que tradicionalmente ha primado al retratar las festividades y costumbres religiosas nortinas. Se trata, en el fondo, de un llamado a superar las miradas esencialistas y sesgadas en su búsqueda de lo prístino, para dar cabida a personas y lugares cuyas historias nos acercan a otras realidades”.

CINE DESDE REGIONES

Parte del equipo de “Albertina y los muertos” es de Arica. “Para mí era importante, después de situarnos en Arica, producir algo en la región”, opina la productora Rocío Romero de Mimbre Films. “Me gustaba la idea de hacer una película con equipo también de acá, retratando historias locales. La productora Mimbre se ha caracterizado por acompañar a directores en sus exploraciones territoriales, dando voz a personajes históricamente silenciados, especialmente femeninos. Para nosotras es un orgullo haber logrado hacer un largometraje y demostrar también al país que sí es posible realizar películas de calidad desde regiones. Es importante que como profesionales desde regiones reivindiquemos las historias desde nuestro territorio, para dar visibilidad al abanico de personajes, culturas y paisajes que engloba nuestro país”.

Borie agrega: “Estrenar el documental de Albertina en Arica es, en primer lugar, una manera de reconocer y retribuir a todas aquellas personas que con esmero y tenacidad mantienen vivas las antiguas costumbres del poblado de San Miguel de Azapa. Es un lugar que alberga expresiones de religiosidad popular que son en gran medida desconocidas, no solo por quienes viven en Santiago u otras regiones del país, sino incluso por los mismos ariqueños”.

Es por ello que el estreno en salas de “Albertina y los muertos” es una valiosa oportunidad para que un público amplio y diverso, local y de otras latitudes, pueda conocer y entender mejor las creencias que hay detrás de algunas de sus principales tradiciones.

San Miguel de Azapa es un pequeño poblado ubicado a escasos veinte minutos en vehículo de Arica. Gran parte del pueblo está construido sobre tumbas indígenas, las que se descubren frecuentemente en los cimientos de las casas, en las parcelas y bajo las actuales tumbas y mausoleos de su cementerio municipal. Para Borie: “sus habitantes conviven diariamente con la muerte de una forma especialmente estrecha. La particular relación de los pobladores de San Miguel con los muertos se yergue como una parte fundamental de sus vidas, un lazo poderoso que debe ser respetado y cuidado celosamente, pues en él se encuentra la clave para la salud de sus familias y el éxito de sus emprendimientos como agricultores y comerciantes. De ahí la importancia que le otorgan los sanmiguelinos a aquellas tradiciones que, mediante ritos y ofrendas, buscan mantener en buenos términos su relación con los muertos, como la celebración de Todos los Santos cada 1 de noviembre en el cementerio municipal y el Carnaval, donde el “Ño” Carnavalón, como ser tutelar y ancestro común, es la figura principal”.

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