Liza Minnelli cumple 79: luces, cámara… ¡y mucha Liza!
12/03/25
Este 12 de marzo, la eterna Liza Minnelli celebra 79 años de vida, y si algo nos ha enseñado en estas casi ocho décadas es que el escenario es suyo y de nadie más. Hija de Judy Garland y Vincente Minnelli, Liza no solo heredó el talento, sino que lo convirtió en un espectáculo propio: explosiva, carismática y absolutamente inolvidable. La hemos visto cantar, bailar, reír y llorar, pero siempre con ese brillo inconfundible que la hace única.
En su cumpleaños, es inevitable volver a repasar tres de sus grandes películas, esas que nos hicieron querer estar en su show… o al menos tener un asiento en primera fila.
1. Cabaret (1972): El mundo es un escenario (y ella lo sabe)
Con su bombín, medias negras y una sonrisa tan encantadora como peligrosa, Liza se metió en la piel de Sally Bowles y conquistó al mundo. Cabaret, dirigida por Bob Fosse, no solo le dio el Oscar a Mejor Actriz, sino que la convirtió en el rostro (y la voz) de una época. Desde entonces, nadie puede pensar en un club nocturno berlinés sin imaginarla a ella, cantando Life is a Cabaret.
2. New York, New York (1977): Si puedes hacerlo allí… mejor si es con Liza
Bajo la dirección de Martin Scorsese y junto a Robert De Niro, Liza se puso en la piel de Francine Evans, una cantante en busca del éxito en la Gran Manzana. Y aunque la película no fue un taquillazo en su momento, la canción principal quedó para la historia. ¿Quién no ha soñado alguna vez con empezar de nuevo en New York, New York… al ritmo de Liza?
3. Arthur (1981): El amor y el humor también le quedan bien
En esta comedia, Minnelli demostró que también sabe brillar lejos del musical. Junto a Dudley Moore, interpretó a Linda, una camarera de buen corazón que conquista al millonario más adorable (y borracho) del cine. Arthur fue un éxito rotundo y confirmó que, además de cantar y bailar, Liza podía robarse la pantalla con solo una sonrisa.
Hoy, a sus 79 años, Liza Minnelli sigue siendo un ícono. Su legado está hecho de canciones que se quedan en la cabeza, personajes que viven para siempre y una presencia que nunca pasa de moda. Y aunque los reflectores ya no la sigan como antes, Liza siempre está lista para una gran ovación.
Porque el show, con ella, nunca se acaba.