El 2025 se consolidó como un año histórico para la biotecnología agrícola. 

19/02/26

Se prevé que para este 2026 la biotecnología agrícola será clave para enfrentar el cambio climático, fortalecer la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y contribuir a la conservación de especies.

El año recién pasado se consolidó como un hito para la biotecnología agrícola a nivel mundial, con cambios regulatorios, desarrollos científicos y nuevos productos que ya están llegando al campo y al mercado. En ese escenario, Chile protagonizó uno de los avances más relevantes del continente: se dio luz verde al uso del primer trigo editado genéticamente de las Américas, desarrollado por la startup nacional Necrop Technologies. La variedad fue validada bajo la regulación local al no ser considerada transgénica y posteriormente evaluada de manera positiva en Argentina, proyectando su alcance a escala regional.

El avance refleja una tendencia internacional más amplia. Durante el último año, distintos países ajustaron sus marcos normativos para incorporar nuevas técnicas genómicas. Inglaterra permitió la comercialización de cultivos editados sin ADN foráneo, la Unión Europea avanzó en un acuerdo para regular estas tecnologías diferenciándose de los OGM tradicionales, y en África se autorizaron cultivos transgénicos resistentes a plagas y sequía para fortalecer la seguridad alimentaria.

En paralelo, comenzaron a materializarse productos concretos derivados de estas herramientas biotecnológicas. En Estados Unidos se inició la comercialización de cáñamo editado genéticamente libre de THC, mientras que un maní modificado para reducir las proteínas que provocan alergias avanza hacia su llegada al mercado con potencial impacto positivo en la salud de las personas. Uno de los casos más visibles fueron las bananas editadas que no se oscurecen al cortarse, reconocidas por la revista Time como uno de los mejores inventos del año, mostrando cómo la innovación también responde a desafíos de calidad y reducción del desperdicio de alimentos.

La ciencia, además, continuó ampliando sus fronteras más allá de lo comercial, con investigaciones que lograron tomates capaces de producir hasta 180% más fruta en menos espacio, cultivos remolacha y sandías que generan edulcorantes naturales sin calorías y desarrollos de trigo que puede fertilizarse por sí solo, lo que podría reducir significativamente la necesidad de fertilizantes. También se reportaron plantas con mayor capacidad de captura de carbono, integrando productividad agrícola con mitigación climática.

El salto no ha sido sólo biológico, sino también digital. Más de 500 genomas de plantas fueron publicados en un solo año, un volumen de conocimiento que antes tomaba décadas, impulsando nuevas plataformas tecnológicas como “PubPlant”, un sistema de mapeo comparable a un GPS del ADN vegetal, y “Plant GPT”, herramientas de inteligencia artificial diseñadas para acelerar el análisis genómico y el descubrimiento de características agronómicas.

El doctor Miguel Ángel Sánchez, director ejecutivo de ChileBio, afirma que “estamos viendo cómo la biotecnología se va consolidando como un grupo de herramientas aliadas a la sociedad para adaptarnos a los desafíos de la producción de alimentos de calidad”.

Si 2025 mostró avances regulatorios, comerciales y científicos, 2026 se perfila como una etapa de expansión: más cultivos editados y transgénicos ingresando a mercados, regulaciones progresivamente más armonizadas y una convergencia creciente entre biotecnología, inteligencia artificial y análisis de datos para enfrentar de manera integrada el cambio climático, la seguridad alimentaria y la nutrición de una población global en aumento.